Noches temblorosas, ocultándose del amanecer; callados testigos de nuestros prohibidos encuentros, susurran al viento las historias de nuestros juegos; del endiablado encuentro de nuestras miradas, de nuestras manos, de nuestra piel; de la mezcla de pasiones que apenadas por la mirada incauta de una luna sonrojada , crecieron en sustancia como el embriagante aroma de tu amor.
Noches amantes, de locura camuflada; naufragando en un mar de plata; un viaje que termina, pero vuelve a empezar en un mejor lugar; en el infierno fulgurante de un secreto a voces que se pierde en el tiempo como las horas en mi reloj.
Noches finas y delicadas; guardianes celosos de sentimientos entregados ah su protección; disimulan memorias de una magia dispersa en cada caricia compartida, como el sueño que murmuras al oído de la realidad.
Noches tristes, melancólicas; que arrepentidas de sus pecados saborean el amargo sabor de nuestras despedidas, dejando correr un llanto en forma de colores; los colores que preceden al amanecer, que se mezclan en el lienzo oscuro de la noche para ahogar el dolor de nuestro adiós.
Noches que no volverán, que se perdieron en el prudente brillo del día. Noches perdidas que nadie encontrara; esas noches, las noches de nuestra historia, que ahora solo viven en las líneas de mi memoria.
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